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Marraketch

Ultimamente uno puede acabar en cualquier sitio. Ya hay compañías aéreas que ofrecen destinos en función del presupuesto y las ofertas. En suma, que ya no importa a donde vayas, lo que importa es irse... En una especie de extraña derivación del dicho romántico, cuando no soplan vientos favorables poco importa a dónde uno va.

Pero pongamos que no es exactamente así, ya saben... olvidar la rutina, el reencuentro de la cómplice afinidad personal con la pareja que un viaje siempre propone, un punto romántico... Una buena excusa para salir...

Para recordar de golpe -¡tan de golpe!- que, rodeados de tanta autopista, de tanta página Web, de tanto centro comercial, todavía existen lugares en el mundo. Lugares muy lugares... Lugares en el sentido de Augé, lugares que de pronto lo son con fuerza, con intensidad, con una inercia traída de milenios y que van a seguir siéndolo te gusten o no.

Que pese a la anulación de la distancia que todo viaje en avión supone, aún quedan lugares que guardan la distancia en la potencia de su personalidad...

Marrakech. Vuelo low-cost que aterriza al amanecer. Mi ignorancia me propone un fin de semana en una glamourosa ciudad envuelta en la intelectualidad francesa que posa en cada rincón... pero lo que allí hay no es desde luego fácil de definir, como no debe ser para los antropólogos responder a la pregunta de qué es la humanidad, pero desde luego es mucho más fácil saber lo que no es. Para empezar no tiene nada de ese minimalismo cool, pulido y brillante que cada vez más nos propone la estética anglosajona de nuevo rico acobardado ante el espacio público. Ni rastro de los espacios diáfanos, limpios y uniformes, con su medido desorden minimalista.

Más bien todo lo contrario: la exhibición de la humanidad sin complejos expuesta a la vida real que hace del espacio público bandera de su especie. Como siempre en estos casos, a nada que uno se liberte de ese miedo a los otros, ese miedo tan patrocinado, ese miedo que tanto empeño ponen en que tengamos, la incredulidad y el reconocimiento, la sorpresa y la familiaridad, la sensación de pertenencia común con la diferencia, te atrapa de manera que cuando uno inevitablemente vuelve a su ordenada y cómoda vida se le ha quedado un poco enganchado el corazón, y uno descubre por primera vez –en poco más de un dominguero finde- ese antiguo atractivo que siempre ha tenido para los europeos Africa. Desde luego que Marraquech es auténtica y verdadera humanidad, es humana demasiado humana...

Polvo, olor, suciedad y vida, pero todo envuelto, todo al alcance de la mano, tan presente que la primera llegada, el primer contacto es arrollador, es imposible dar un paso sin que literalmente todo se te venga encima. Todo está expuesto por si acaso quieres mirar. Pero la mirada es libre, no forzada no constantemente obligada por la publicidad. Un zapatero duerme encima de una montonera de zapatos, tres amigos toman té en otro rincón, unos cocinan, otros comen, los niños juegan por todas partes. El juego de lo oculto con lo público, de lo importante con lo superficial, de lo conocido y lo extraño, te devuelve a una relación del los hombres y las cosas, de la vida, que uno apenas a vivido nunca pero que sabe que podría vivir como al probarse unos zapatos que encajan perfectamente...

Y de repente uno vuelve a Madrid y se le queda la vida como vacía... las normas tan sensatas, las calles tan limpias, las casas tan ordenadas que casi todo parece irreal; y tiene de pronto la leve sensación de que las cosas son mucho más difíciles de medir, que los juicios sobre las sociedades y los modos de vida son mucho más complicados de hacer... y un poco de que se ha equivocado de sitio...

P.S. Finalmente una recomendación personal: Si das con tus huesos en Marraketch llévalos al Hammam Lalla. Cualquier cosa que pudiera decir de ese sitio no le haría justicia...

Comentarios

27/01/2012 23:23:32

No es sólo lo que cuentas del lugar y la vida que en él transcurre, sino cómo lo cuentas Gracias. Lo vamos a disfrutar a tope¡¡¡¡

Cipri

27/01/2012 14:56:08

Muy bien escrito. Totalmente de acuerdo... qué ganas de aterrizar!!! besos

Fefa

15/11/2011 18:16:13

Me encanta la foto de la casa de Azur

Asmar

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