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Crímenes Perfectos

... yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras que es difícil reconocerla
Nicolás Maquiavelo

Hoy he llegado, de repente, a una sensación absurda y justa. Me he dado cuenta, en un relámpago íntimo, de que no soy nadie. Nadie, absolutamente nadie."
Fernando Pessoa

En medio de Portman Avenue, una pequeña y tranquila calle de un barrio rico al oeste de Londres, ha aparecido un cadáver. Se trata de un hombre joven, extranjero. Ha sido golpeado hasta morir.

Parece un tema fácil, ya se sabe..., la inevitable ligazón de la semántica racista: “negro, extranjero, sin papeles, ilegal, delincuente, violencia.”

Pero los forenses están desconcertados. Sí, el aspecto es el de alguien que ha recibido una horrible paliza... pero parece que la recibió ya muerto o, mejor dicho, a punto de morir. Las evidencias de un estado de semi-congelación complican el diagnóstico; por lo que parece, el cuerpo ha podido ser “refrigerado” para alterar la fecha del crimen. Por lo demás no hay modo de proceder a su identificación.

Si esto pasara en un suburbio del cuarto mundo la cosa no pasaría de un entierro de tercera y tal vez hasta un número en un expediente, pero como nuestro caso real sucede en un barrio rico de un país rico estos retos no se dejan pasar sin una profunda investigación.

La víctima sólo porta en sus bolsillos una tarjeta SIM de un operador extranjero, una monedas que parecen ser de Botswana –apenas unos peniques al cambio- y una solitaria libra esterlina.

Después de mucho investigar, la tarjeta resulta ser angoleña y pertenecer a un tal José Matada. Después de arduas indagaciones se averigua que desde ese móvil se enviaron varios SMSs a una rica mujer de origen inglés que ahora vive en Suiza. Puestos en contacto con ella afirma haberlo conocido cuando lo contrató para cuidar su residencia temporal en Sudáfrica. Nada de esto puede ser confirmado pero el portavoz de la policia informa de que “por supuesto, la Policia cree que la mujer dice la verdad...”

¡Menudo lío! ¿no?

De pronto aparece el avión de Luanda que puntualmente aterriza cada amanecer en Londres sobrevolando más o menos Portman Avenue en su aproximación a Heathrow –aún se recuerda la caída en el año 2001 de un polizón de esa misma línea en un parking no lejos de aquí-.

Las heridas del joven africano son, más o menos, las que tendría alguien que hubiera caído de un avión -medio muerto ya por la hipoxia y el frio del viaje- escondido en el tren de aterrizaje.

“Más o menos”... aunque a los oficiales les sorprende aún más que llegara siquiera vivo hasta aquí... y aún más que viajara tan ligero de ropa.

Pero el caso se cierra. Las televisiones tienen su historia, la policia sus nombres en el expediente. Todo ha sido brillante y eficaz...

Pero... ¿Y si no fuera cierto? Basta colocar el cadáver adecuado con la tarjeta SIM adecuada en la ruta de un avión con un caso previo de polizón sin suerte para llevar a cabo el crimen perfecto... aprovechando ¡no la falta de investigación! sino precisamente la necesidad de investigar.

Cuentan entre los abogados penales una viejo mito en este sentido.
La leyenda refiere la historia de un pobre abogado –seguro que era de oficio- que defiende a un pobre inocente cabeza de turco que se ha comido un crimen que no cometió.
El abogado va reuniendo heroicamente las piezas de la coartada de su defendido y cuando la cosa empieza a cobrar sentido recibe de pronto -caída del cielo- una prueba definitiva que demuestra por fin de forma clara su inocencia.
Como buena leyenda urbana las circunstancias varían. A veces la prueba la encuentra la familia, o reaparece un testigo que lo vio todo y que honradamente quiere colaborar. El abogado se apresura a meterlo en la causa... es la salvación... pero llegado el juicio la parte contraria –los malvados acusadores que ocultan al verdadero criminal- demuestran brillantemente que la prueba es groseramente falsa, una artimaña intolerable, un testimonio de alguien que es probadamente falso.
Y toda la demás estrategia de defensa queda desbaratada, el que dice la verdad queda de mentiroso y todas las demás pruebas que quizá valdrían para lograr un dubio pro reo palidecen... porque la que ha sido falsada vale ahora más para el juez que todas las que pudieran ser verdad.
Caso cerrado. Treinta años para el inocente porque al abogado le han intoxicado. Modus tolendo tolens. En lógica: "negando niegas". El más antiguo procedimiento de los sofistas.

¿Crímenes perfectos? ¿Leyenda urbana?

Vayamos unos días atrás.
Línea de meta de la Maratón de Boston. Dos explosiones casi seguidas matan y hieren a varias personas, entre ellas a un niño que corre a abrazar a su padre que en ese momento termina la carrera. Al principio nadie sabe quién, nadie sabe por qué. Primeras noticias: Todos los medios dicen que hay un detenido.
Luego el silencio. No, no hay detenidos. Pasan dos días. Unas imágenes muestran a dos jóvenes. El resto también es conocido. La identificación, la caza del hombre, las escenas de pánico, el toque de queda, la muerte de uno de ellos y la detención del otro que no puede hablar pero confiesa todo por escrito en el hospital. Ningún abogado. Ninguna protesta. La policía recibe los aplausos de la población.

Las televisiones tienen su historia, sus perfiles criminales. La prensa sus análisis. Los juristas debaten si hay pena de muerte al tratarse de un crimen federal...

Pero al mismo tiempo que los duros congresistas republicanos piden que se les aplique el régimen de “combatiente extranjero” –el de los secuestrados en Guantánamo- el FBI inicia una tímida queja: ya investigó a uno de ellos a fondo y le pareció imposible que pudiera llegar a hacer una cosa así. Algunas cosas no cuadran.

Por supuesto, a esa hora los amantes de las conspiraciones ya tienen mucho más: los videos de la detención del hermano mayor ya están en YouTube y contradicen la versión oficial; es decir, Tamerlan no sólo está vivo cuando lo detienen sino que parece en buen estado.

Pero, ay, los videos han sido retirados.

Pero las fotos permanecen. Y son más o menos claras: las mochilas negras que el FBI encuentra el primer día no se corresponden con las imágenes de los hermanos: una es blanca y otra es gris. Tampoco parece que en ellas quepa una de esas maravillosas -y patrias- ollas express...

La conspiración está servida: Uno de los amputados es un héroe... un héroe porque en Afganistán perdió las dos piernas. Los hermanos chechenos no se podían permitir su nivel de vida de acuerdo a lo que ganaba su familia. En una foto aparece el hermano menor marchándose de la escena del crimen... con la mochila a la espalda.

Y luego aparecen en la escena del crimen unos supuestos paramilitares con sofisticados equipos electrónicos y gorras con el símbolo de Craft Internacional, una verdadera agencia de mercenarios de elite fundada por un exitoso francotirador de los cuerpos especiales de la marina americana. El lema que aparece al lado del logo –una calavera- dice: “Pese a lo que te dijera mamá... la violencia si resuelve los problemas”.

Como dice Pablo “sería divertido si no fuera porque no tiene gracia”.

En las fotos es verdad que los muchachotes llevan atuendo paramilitar y grandes mochilas negras, en la foto se les ve correr (¿de la escena del crimen?). (¿Ya?) no llevan mochila. La historia dice que fue a uno de ellos a quien se detuvo por su participación en los hechos nada más producirse la explosión, justo antes del apagón informativo de dos días.

¿Verdad? ¿mentira? ¿crímenes perfectos? ¿leyendas urbanas?

No es tan difícil. Un frío asesino que quisiera aprovecharse de un crimen aleatorio –en el que no importa la identidad del muerto sino el hecho de que haya un crimen- y tuviera que actuar en un país donde se van a investigar los hechos no necesita fabricar una coartada convincente... le basta con fabricar muchas falsas. Una mentira para la policia, otra para la televisión, otra para la prensa seria y, por supuesto, otra para los curiosos amantes de las conspiraciones. Seguro que todas falsas a nada que se comprueben. Todas, por tanto, verdaderas para su público. Más o menos. Caso cerrado. Modus tolendo tolens, la herramienta más antigua de la demagogia. Una falsedad contrastada arrastra cualquier verdad plausible.

Caso cerrado. ¿Qué sabemos? Que hay muchas mentiras. E intuimos que todas están coordinadas, tienen el mismo origen y tratan de tapar algo que también intuimos. Pero sólo podemos constatar lo que es mentira. Más o menos. El bueno de Feyerabend es el tótem de las Poderosas agencias de Comunicación y confirma nuevamente la extraña seguridad de que nunca sabremos nada cierto, ni de esto ni de nada, porque la verdad ya no existe en el espacio público.

Pero qué hay de José Matada. Muerto con una libra en el bolsillo el día de su 26 cumpleaños. Qué hay del pequeño Martin Richard de ocho años. Ambos empezando una vida.

Aunque, nos dirán aún, ¿cómo sabéis siquiera que ellos eran ellos?


¡¡Dí si TE GUSTA!!

NOTA: Mi magnífico webmaster está en proceso de reparación de la página para que se pueda volver a dejar mensajes, me ha pedido paciencia; hasta entonces os reenvío a Facebook, así podéis aprovechar, si os place, para darle al "Me gusta" de la página, se agradecen. Y también los comentarios.

Comentarios

21/11/2014 18:17:34

No consigo tu email de podemos. ¿Puedes ponerte en contacto conmigo para un problema del círculo? saludos

Victor

22/08/2013 18:53:20

Intoxica que algo queda. ;)

09/05/2013 1:12:54

Es la definición perfecta de una metaconspiración paranoide perversa... Huy... Que freaky me siento de golpe! Gracias Gloria

Cripke

07/05/2013 12:56:56

Ya funciona otra vez. Gracias Dave!

Gloria

07/05/2013 12:55:11

A favor de todas las conspiraciones, je, je...

Juan

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