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Un Tarta Bakewell para el G20

Y no en la cara...

Todas las recetas tienen una historia detrás. E incluso hay alguna que da para muchas recetas. Siempre tiendo a considerar la comida, la cocina, las recetas, esto que ahora se llama "gastronomía", como si fuera algo así como un amplio indicador social o personal, como un síntoma de la vida en conjunto...

...o de cualquiera de sus partes: Jacques Kermoal y Martine Bartolomei escribieron uno de mis libros favoritos: La mafia se sienta a la mesa: Historias y recetas de la "Honorable Sociedad", un libro de cocina siciliana, (¡qué decir de la cocina siciliana! Una cocina alentada y exigida por el que es quizá el mejor comensal del mundo: el propio siciliano (confienso que a mí me gustan las cocinas donde los protagonistas son los comensales, no los cocineros); bueno pues a lo que te voy, un libro donde repasa las pitanzas más emblemáticas por su relevancia histórica de la cosa nostra: desde el ágape ofrecido a Garibaldi tras el desembarco en Sicilia en 1860 hasta la celebración de la "toma" del Bronx por Maranzano. Ofrece los cuidadosos menús, sus vinos y, por supuesto, sus recetas. Todo ello enmarcado en el particular contexto de cada comida.

Y qué no se podría escribir si una pudiera recrear en un libro de cocina los episodios de la historia más reciente, los entresijos de intereses, mejunjes de influencias, dictados de esos ricos de siempre que ahora se hacen llamar a sí mismos los mercados, puñaladas y sonrisas traperas entre capos de esquina, en una demostración cada día más palpable de que esta aldea global no sé si es realmente muy global, pero es desde luego cada día más aldea.

Agradezco al menos la moda de que se filtre lo que comen y pido desde aquí públicamente el menú de las cenas en las que los chicos de Estándar & Poors trasiegan con los del Banco Central Europeo y sus señoras... el desayuno de trabajo clandestino de Merkel y Sarkozy o -¿qué me decís?- de las cenas de Navidad del PP, o mejor las del PSOE (que se avecinan veladas mu chungas).

Jamie Oliver (a mi me mola) preparó una cena para la penúltima de estas reuniones del G20, una reunión sin duda muy siciliana en la que el chef desnudo supongo que afrontó el reto de estar a la altura de tan honorable sociedad sin reparar en la de sus invitados (De Sarkozy pa arriba), que como todos suponemos padecían mucho por sus sufridos conciudadanos y consumían tanta energía devanándose los sesos por los intereses generales mientras arreglaban el mundo y -un poco- se buscaban la vida para sus próximos curros en pequeños grandes bancos o benéficas instituciones internacionales.

De esta reunión en la que Gordon Brown retocaba ya su CV mientras ejercía de anfitrión de Obama como invitado de gala (Guess Who's Coming to Dinner...) junto con el resto del elenco de turno –incluido el ínclito Zapatero que en inglés sabe al menos cenar -descubrí yo la Tarta Bakewell, una tarta muy inglesa que tiene ella misma en su origen una leyenda preciosa y de la que yo hago una versión ligeramente diferente a la de Oliver, pero que me está dando grandes satisfacciones y haciendo mucho por el bien mundial.

Aquí os dejo la receta para que contribuyáis también vosotros a una pronta salida de la crisis. Sale como para hacer un G8 en casa, pero siempre podéis multiplicar las cantidades según vuestras posibilidades y -claro- de cómo tengáis ese día la prima de riesgo.

Ingredientes

3 cucharadas de mermelada de melocotón,
150 grs. de mantequilla,
150 grs. azúcar,
4 huevos,
ralladura de limón,
150 grs almendra molida,
3 cucharadas de láminas de almendra,
molde de hojaldre.

Procedimiento

Precalentar el horno a 170-180.

Poner la masa de hojaldre sobre un molde engrasado.

Mezclar el azúcar y la mantequilla hasta conseguir una crema pálida, añadir los huevos.
Batir y, a continuación, añadir la almendra molida y la ralladura de limón.

Untar la base del hojaldre con la mermelada y luego rellenar con la mezcla.

Hornear 20 minutos, sacar y espolvorear con las láminas de almendra y otros 20 minutos al horno.
Sacar y enfriar definitivamente.

Espolvorear con azúcar glassé.

¡Suerte!

Comentarios

02/02/2012 15:08:39

Por cierto, hay menús que merecen estricnina ;)

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