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Podemos ¡Vota!

¿A quién va a creer?, ¿a mí o a sus propios ojos?"
Groucho Marx

Algunos están muy contentos. Todo les va bien. Creen que por fin la gente está cansándose de protestar. Creen que la gente se resigna poco a poco y vuelve al centro comercial. Hasta la crisis es sólo una cosa que salió así, con la humedad, y a la que hay que adaptarse “si queremos salir de ella”.

“Nos estamos recuperando” dicen. Obviamente se refieren a ellos. Están recuperando el poder absoluto que con tanto esfuerzo la democracia y la ley apenas convirtió en derechos para los ciudadanos.

La Vicepresidenta del Gobierno los contempla y dice: “Hay mucha más alegría en las calles”. Se refieren a sus calles. Les basta. Al día siguiente se anuncia que este país acaba de batir el record de deshaucios. No importa.

No es su gente. Los deshauciados, los parados, los recortados, los trabajadores... no son su gente. Nunca llegaran a ser intrépidos emprendedores que odian “la excesiva presencia del Estado” mientras invariablemente contratan con su “amigo” –el del sobre- en la Administración.

Son datos. Hay un amable conciudadano, uno de cada 10 , que no sólo no ha sufrido la crisis, sino que se ha enriquecido con ella. Y tú lo conoces. Es el “de arriba”. Dirige tu banco, tu equipo de futbol, decide lo que publica tu periódico, lo que es noticia en Telediario.

En realidad los conoces a todos: Piden flexibilidad laboral, condecoran a arzobispos, eficientan empleos, indultan a corruptos, presentan informes, prohiben manisfestaciones, encarcelan abortistas, odian los derechos, repelen inmigrantes, se emocionan con el himno, venden el país por cachos, su principal fuente de ingresos son tus impuestos. Son los que te entrevistan para decidir si tienes “el perfil adecuado” como para tener derecho al trabajo, los que conspiran para hacerse con la sanidad, los que intentan evitar que la educación pública haga competencia a sus chiringuitos dogmáticos.

Y les va bien. Son pocos... Pero así tocan a más...

Y no son pocos, son los suficientes. Las encuestas electorales así lo confirman. ¡Van a ganar las elecciones! La Vicepresidenta está también contenta. Su talludito macho alfa consigue un 30 por ciento de los votos. No dice que, en realidad, son ellos mismos: en este país se ganan las elecciones con el voto de apenas uno de cada 10 posibles votantes.

Con una abstención de cerca de 6 de cada 10 votantes les basta. Y el resto que vote a los otros, a los que quieren ser como ellos. Se adaptarán. Tendrán su apoyo. Son gente muy democrática. Y si no, como mucho, a los que viven de las migajas. O en blanco. Mejor aún. Pero que no pase nada. Les basta.

La mayoría no importa. Paga con su trabajo la riqueza que otros juegan a crear, paga sus contratos y sus sobres, paga sus entradas de barrera y su agencias de rating, paga sus expertos y sus EREs, sus mítines y sus noticias. Pero no puede colarse en su “fiesta de la democracia”.

Nosotros. Los que no estamos satisfechos. Los que no existimos para ellos y sus porcentajes, no podemos tomar la palabra y decir que dos y dos son cuatro, decir que su crisis, su europa, su política es poco más que un avaricioso asalto para arramplar cuanto puedan mientras puedan seguir asustándonos.

Pero sí podemos. Podemos salir del estado de resignada parálisis y, aunque sólo sea, votar. Con energía y esperanza. Celebrar que por un día, solo uno, nuestro voto valdrá lo mismo que el de un presidente de banco sistémico, que el de un expresidente en un consejo de administración de una electrica, que el de un líder de opinión, que el de Blesa, que el de Botín, que el de Rouco, que el de Rato.

¿Pero a quién votar después de tanto folclore, de tantas miserias, de tantas traiciones?
Yo voy a votar a Podemos.

Me lo han dicho las gentes en las manifestaciones, en las conversaciones que terminan en llanto, en la esperanza responsable de organizar una respuesta. Me lo ha dicho gente de la que me siento orgullosa, gente humillada pero constante, golpeada y valiente, insultada y serena, pobre y generosa. Gente digna. Gente importante de verdad.

Voy a votar a Podemos.

Voy a preparar unos estupendos sandwiches electorales y voy a ir a votar. A decirles que no estoy contenta. A decirles que existo. A decirles que soy mejor que ellos, que estoy orgullosa de compartir mi voto, mi ilusión, con el parado de Huelva, con la desahuiciada de Parla, con la madre del niño enfermo de cancer, con el estafado por su cleptómano sistema financiero, con mis hijos de la mano, con la ilusión de que para ellos habrá un mundo mejor.

Sandwich empoderado

Un buen pan, un aguacate honesto, un tomate de verdad y un queso casero de cabra un poco loca. Acompañar de un generoso y consistente chorro de aceite de oliva picante y un pelín de ajo.

Tostar sólo por un lado las rebanadas de pan en una sartén con un poquito de mantequilla y, una vez crujientes, sacar para colocar el aguacate y el tomate con un poquito de sal, y finalmente, unas finas lonchas de queso... chorrear con el aceite y la ilusión compartida, tapar con el otro pan... Y listo!

Voy a preparar uno de más. Uno para bajárselo al representante de Podemos de mi colegio electoral. Sí. Ya sé que el refrigerio de los otros Representantes también lo pago yo. Pero el mío tendrá además mucha ilusión.

¡Claro que Podemos!


¡¡Dí si TE GUSTA!!

Comentarios

06/06/2014 15:45:06

Jjjjjj

26/05/2014 20:01:40

5!!!!!!

Graciela

25/05/2014 23:40:03

Y S QUE PUDIMOS 5, 5, 5, 5!!!!!!!!!!! Una alegría ya nos tocaba. Graciela

Graciela

23/05/2014 21:38:05

Chapó!

Patricia

22/05/2014 23:12:13

Votar votaremos, poder ¿podremos? Pero el sandwich promete...

Eli

22/05/2014 22:49:54

Bravo!!! Y yo contigo

German

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