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Judías Blancas con Oreja, para el común de los mortales...

¡Triste época la nuestra!
Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.
"
Albert Einstein

Cada vez más en la prensa, en el telediario, incluso ya en los juzgados... veo un, cómo llamarlo, interés, tal vez preocupación por el pequeño hurto, eso que llaman en los balances eufemísticamente pérdida desconocida y que tal vez yo llamaría algo así como regularización a ínfima escala de los errores en la distribución de la riqueza en España.

Pero se me hizo consciente, de golpe, el otro día en un supermercado -del que no daré detalles- pues resulta que sin más el cajero pasó sin cobrarme lo que quizá fuera lo más caro de la ya de una no muy costosa compra. Fue sólo una mirada pero lo entendimos los dos perfectamente. Y salí sin reaccionar confusa y con ese gusto que da la complicidad... en algo en lo que una no pretendía hacer.

Eso... y el me lo llevo porque yo lo valgo, entre menores y mayores, entre los que pueden pero no quieren y el que no puede y necesita, entre tantos que ven como la situación económica de su familia se les va de las manos y otros que justifican el tema por un problema de insatisfacción social... y cada vez más el que de verdad no puede acceder ni al mercado de lo básico, que literalmente compra hasta donde le llega el (único) billete, entre una sociedad que se tercermundiza y de la que cada vez más desaparecen expectativa vitales, proyectos, ideas, compromisos, ni para ahora ni para cuando la crisis ¿reviente?

Pero lo que realmente me sorprende es que en los juzgados que, tal vez, son una visión ¿distorsionada? de la realidad, ha aparecido una patética procesión de encargados, jefecillos, empleados, etc. del gran comercio que -aprovechando el in fraganti- tratan de hacer méritos inflando patéticamente el pequeño hurto cometido “para que aprenda la lección”, inflando el hurto o culpabilizando fuera de todo lógica al pillado.

Y ahí es donde una francamente ya no entiende nada.

¿Qué les ha llevado a querer con saña el mal ajeno? ¿Qué nos lleva a traspasar la barrera del trabajador honesto y responsable para atribuirse una posición de prevalencia sobre el desgraciado –cuánto más desgraciado más saña- y pasando de toda conmiseración y sentido de lo que ha de ser la justicia, aprovecharse de la debilidad del que se encuentra en una situación desfavorecida? Lo habíamos visto antes a veces en algunos juicios, dónde los testigos se dan importancia -recreando a veces su propia idea de justicia cargando las tintas contra el acusado... pero esto es ya de no creer...

Pues esto, si se me permite, tiene que ver al final con la versión más sombría de ese refrán tan odiosamente español de que cada palo aguante su vela... eso de yo tengo mi vida más o menos organizadita –aunque menudos desastres se atisban - y no sólo no levanto la cabeza (ni una neurona diría yo) para defender una injusticia sino que incluso aprovecho cualquier ocasión para destrozarle la vida gratuitamente a cualquiera con tal de que sea más desgraciado que yo.

Y no se trata de defender una postura romántica en plan Robin Hood de un coste social que –por cierto- a la postre subvencionamos –bastante a gusto por mi parte- los demás consumidores (que para estas cosas de las pérdidas nuestros probos y grandes empresarios ya se sabe que lo repercuten todo en todos excepto en sus beneficios). Se trata de entender que es en el reverso moral de esa actitud, la de respetuosamente protestar ante el agravio o -cómo lo diría-, tener el suficiente juicio crítico para comprender que simplemente no será justa una sociedad como la que ahora pretende ponerle las cosas aún más fáciles a los que de hecho ya las tienen más fáciles –y más difíciles a quienes la tienen más difíciles- (la inmediata reforma de la educación superior es un perfecto ejemplo de ello), sino sobre todo de que ponerse en el lugar del otro nos humaniza... y también nos hace más felices.

Como ya en otro post cumplí recomendando a los grandes protagonistas de la riqueza española que se tomaran un buen guiso, también recomiendo aquí, con más cariño, otro guiso pero para el normal de los mortales, para el de los aciertos y el de los errores, incluso para el que renegocia el precio de la compra con algún “descuento extra” y, sobre todo, para el que mira para otro lado –jugándose el puesto de trabajo (aunque ahora eso vale bien poco)- al ver la desazón de alguien calculando en dinero lo que puede y no puede llevarse a la boca.

Judías Blancas con Oreja

Ingredientes

Medio kilo de judías blancas, un paquete de unos 250 gramos de oreja adobada y precocida, una cabeza de ajos, laurel, pimiento seco y pimentón

Procedimiento

Poner en remojo las judías blancas la noche anterior en agua fría.

Al día siguiente echar las judías con agua fría en la olla rápida, lavar las orejas y añadir a la olla con unos dos tercios de la cabeza de ajos muy picaditos, echar la hoja de laurel, el pimiento seco. Tapar y esperar a que hierva y entonces dejar unos 13 minutos.

Destapar, poner un poquito de agua fría y volver a cocer.

A parte en una sartén echar el resto de los ajos en aceite caliente y cuanto estén a punto de dorarse retirar del fuego, añadir una cucharadita de pimentón dulce o picante (al gusto).

Echar sobre las judías y llevar nuevamente a hervor rápido. Entonces salar.

Yo suelo hacerlas a primera hora de la mañana para que a la hora de comer se hayan enfriado y tenga que volver a calentarlas, parecen más ligadas, como con más cuerpo. Uhm...

Comentarios

20/10/2012 15:49:41

Qué buenas!, por otro laso completamente de acuerdo contigo. Saludos desde Gijón.

Karen

20/04/2012 14:38:56

Muy buena receta, sobre todo muy economica y nutritiva. Haber si la puedo poner en práctica pronto. la foto donde se muestra es realmente, apetitosa

Elsa

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