Se parte del gang: recibe emails de novedades, recetas y chismorreo


Hay que ver lamalacaraquetengo en El Corte Inglés

Y quién dice El Corte Inglés dice cualquier tienda de moda o gran superficie en la que oso poner un pie.

¿Es necesaria tanta humillación? Porque, digo yo, parece claro que los empresarios de la moda, entre otros, nos quieren consumidores sin límites, esclavos rendidos a cualquier innecesaria extravagancia, a la acumulación absurda en nuestros armarios y vidas de prendas que la mayoría de las veces son redundantes, a crearnos necesidades superfluas envueltas entre temporadas de moda... Vale, sabemos cómo funciona... pero ¿de verdad es necesario también humillarnos mientras tanto, hacernos sentir un pingo de ropa ajada y cara tan demacrada como envejecida?

Que ya en los tiempos que corren una no anda muy subida de ego... en esta edad tan estupenda, pero tan comprometida con los eufemismos, en la que llevamos el peso de la adaptación a una imagen ¿más madura? y a esas nuevas arrugas que atraen la mirada en el espejo... que una todo esto lo va superando con alegría y orgullo, poco a poco, haciendo cada día cuenta de que el paso del tiempo es un aliado fiel... pero incapaz de evitar, al poner un pie en cualquiera de estas tiendas, salir con esa penosa resignación sumisa de que ando hecha unos zorros, de que los años son un implacable dictador que masacra la confianza de una misma... ¡pero si hasta parece que te falta pelo!

Salgo tan afectada de este pasaje del terror y sus macilentos espejos (y encima con la vista cansada ya no veo un precio en las etiquetas) que no me compro ni un trapo... con ganas de huir despavorida para no volver nunca... Eso sí, ya no tengo un armario pasado de moda. No, no, ahora es todo vintage...

Y cómo no reconciliarse con el paso de tiempo, con las marcas de la vida que me identifican, a nada que mi ropa (no tan) deslucida y muchas veces lavada (que una es mulimpia) se ve renacida con la amable luz del sol, del aire fresco, del mundo real sin fluorescentes que te acoge al otro lado de la corriente turbia que marca el antro comercial. Sin el acoso de los espejos...

Y si, por mala ventura, todo eso no fuera suficiente –el cambio de hora invernal lo pone todo más difícil- guardo una medida extrema y una decisión definitiva: esta es negarme desde ahora a que persona humana (o de cualquier otra especie o planeta) me vuelva a hacer una foto sin que me inunden la cara de luz (como si una fuera una modelo allstar) y aquella –nunca falla-, ponerme ciega a mi planetariamente famosa TARTA CHOCOLATONA, todo chocolate, puro placer de los sentidos para pequeños y mayores (de cualquier edad).

Añado esta versión –alegremente afectada por algunos clásicos de la repostería del chocolate- y apta para celiacos y glutenómanos, amantes del chocolate y de un rato de feliz auto-reconciliación.

Tarta chocolatona

Ingredientes:

Bizcocho:

4 huevos.
150 gr. de azúcar.
250 gr. de chocolate negro 70% de cacao.
150 gr. de mantequilla.
Una cucharilla de levadura química.
125 g. de almendra molida.
Una pizca de sal.

Relleno:

Mermelada de albaricoque o de frambuesa.

Cobertura:

150 grs. de chocolate negro 70% de cacao.
200 ml de nata líquida para montar (sin montar).
1 cucharada de café.
2 hojas de gelatina neutra.
Una pizca de mantequilla

Procedimiento:

Precalentamos el horno a unos 220 grados (vigilándolo porque cada horno tiene su intríngulis). Batimos los huevos con el azúcar en un bol hasta que quede blanquecino y espumoso. En un cazo mezclamos el chocolate (250 grs.) con la mantequilla y derretimos al fuego muy lentamente.

Mezclamos los huevos y el azúcar con la almendra, la sal y la levadura química. Añadimos por fin la mezcla de chocolate y mantequilla.
En un molde de unos 20 cm, vertemos la mezcla y metemos al horno unos 20 minutos. Debemos tener en cuenta que solidifica el chocolate y la mantequilla una vez frio el bizcocho, por lo que debe salir del horno bastante jugoso.

Cuando lo hayamos enfriado lo abrimos por la mitad y ponemos una generosa capa de mermelada y volvemos a tapar. Se trata de una maniobra algo compleja y a veces hasta caótica pero no hay que dejarse amilanar, al fin y al cabo no hay nada que no se reconstruya y quede oculto por la generosa cobertura.

Normalmente cuando he metido el bizcocho en el horno empiezo ya a hacer la cobertura para que vaya cogiendo cuerpo y sea más fácil de extender, y evitar además que chorree por todos lados.

Para la cobertura ponemos las dos hojas de gelatina en un bol con agua fría, calentando en un cazo la nata y la cucharada de café. Cuando empiece a hervir echamos el chocolate y movemos hasta conseguir una consistencia ligera. Entonces echamos una cucharadita de mantequilla, para lograr que esté más brillante. Cuando esta mezcla empieza a templarse (no mucho) es cuando echamos las hojas de gelatina y volvemos a remover bien.

Una vez fríos el bizcocho y la cobertura, cubrimos de forma uniforme, retocando para que quede lo mejor posible: aquí cada uno pondrá su toque en la decoración.

Y a esperar que el frigorífico termine el trabajo...

Es más fácil de lo que parece, divertida en su confección y agradecida en el resultado. Y sobre todo, perfecta para celebraciones sin cauda definida, ideal para niños, mayores y todos los que enseguida se apuntan. Muy muy rica.

Comentarios

14/11/2011 14:02:33

Buenísima, la hice ayer, ¡estupenda!

Cripke

¿Qué opinas?

Nombre:
Email:
Comentario:



Dibuja la forma debajo (pa´ evitar spam):

Más blog

Podemos. Vota!

Cocinando encuestas

Manitas de cordero y Freud

Krantz de chocolate del sr. Ottolenghi

Vestiduras

Para ti

Arroz con Carabineros

Pastel Vasco

Beatus Ille

Macarrones Cardenal y el Telediario

Del pretendido cierre del Colegio San Ildefonso

Provoleta de Verduras

Judias Blancas con Oreja

Archifamoso Bizcocho de Yogur

Guiso para corruptos

Te deum gracias

Dumas y la cocina de pueblo

A nuestro querido Martin

No se por que, pero me mola Cantona

Reflexiones prenavidenas y pollo Kiev para mi amor

Amor y rabo de toro

Una tarta Bakewell para el G20

May the Google Translator be with us!

Viva el Tomate

Cantabria o El elogio del bocadillo

Mezzogiorno: mare, amor y grano duro

Plutarco y la tarta de queso

Dedicado

Merluza al estilo de Cipri

Cerezas en el Jerte