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Amor y Rabo de Toro

El amor es tan importante como la comida.
Pero no alimenta.”
"
García Márquez

No sé si alguna vez tuve una concepción ñoña del amor, supongo que sí (fui una gran lectora en mi infancia de los libros de Sissí Emperatriz) pero si pienso en Pablo me vienen dos cosas a la cabeza, la preciosa canción –tan triste- de Pablo Milanés en la que nos advierte de que al amor le hace falta “carne y deseo también” y lo gratificante que para una relación es la complicidad de una vida en común, el tener pleno convencimiento de que para todo puedes contar con una persona, confianza, amistad y futuro compartido.

Amor y confianza.

Estas recetas –complejas y deliciosas- son de Pablo (las dos, la del rabo de toro y la de nuestra vida en común).

Ingredientes:

1 buen rabo de toro (en realidad vaca o buey) hecho rodajas gruesas.
2 hermosas cebollas.
4 dientes de ajo.
Verduras: Setas y/o zanahorias.
Vino tinto, afrutado y a ser posible con algo de barrica: sin taninos...
Tomillo. Clavo o nuez moscada.
Aceite de oliva bueno. Sal, azúcar, bolas de pimienta blanca, 1 hoja de laurel...

Procedimiento:

Dejar macerar una noche el rabo de toro bañado en un majado de ajo, aceite y muuuucho tomillo, bien prensados unos trozos con otros.

Dorar a fuego fuerte en la olla el rabo de toro. Añadir algo de aceite al que ya trae del macerado. Retirar los trozos de carne.

Echar cuatro dientes de ajo –si son grandes partidos en dos para quitar el germen pero sin necesidad de pelarlos-, dos cebollas hermosas picadas en trozos gruesos y en ese aceite (o un poco más) sofreír hasta que desglasen la grasa de la carne.

Cuando empiecen a estar pochadas añadir alguna verdura: unos dedos de setas, quizá algunos trozos finos de zanahoria... Pochar del todo y bajar el fuego, añadiendo en el calor residual dos cucharadas de pimentón dulce y unas bolas de pimienta blanca.

Devolver la carne a la olla, mezclarla con las verduras y cubrirlo todo con agua poniendo una hoja de laurel. Cocer en la olla exprés 50 minutos hasta que quede blanda la carne.

En un cazo reducir a la mitad dos vasos de vino añadiéndole una cucharada pequeña de azúcar y un poco de clavo o nuez moscada rallada. Cuando esté reducido y mezclado, colarlo y reservarlo.

Abrir la olla, comprobar que la carne esté blanda, añadir el vino, corregir de sal y en la misma olla -ya sin tapar- cocer hasta que la carne se desprenda del hueso. Si en ese momento tiene demasiada agua aún se puede reducir un rato más la salsa retirando la carne, hasta que quede una gelatina aceitosa y juntarlo después.

Servir caliente hasta 48 horas después.

...y el acompañamiento (porque las parejas son cosa de dos).

Patatas al horno.

Partir unas patatas como para cachelos (trozos grandes, un poco groseros, rotas a chasquidos), ponerlas en una fuente de horno, echarles abundante tomillo y un poco del aceite sobrante del cocinado del rabo de toro.

Al horno una hora a fuego precalentado a unos 150 grados, tapadas con papel de plata.

Servir por separado –pero muy cerca- del rabo de toro.

¡Perfecto!

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